Por Jessica Lemus, Licenciada en derecho.

En Mpoderate.net respetamos los diferentes pensamientos y puntos de vista de todas las mujeres en la sociedad. Es un privilegio ser escogido, como un medio de comunicación que apoya estas finalidades, y dar a conocer estas diversas opiniones.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente…

Es increíble como palabras tan poéticas recobran un sentido tan diferente en la actual sociedad salvadoreña. Dudo mucho que Neruda haya pensado en la cruel dramatización que tendría su poema más de noventa años después. Y es que es así: Nos quieren calladas, como sinónimo de sumisas, calladas y resignadas a vivir los roles oxidados y convenientes que se han impuesto a las mujeres desde épocas ancestrales: la esposa sumisa, la buena madre, la hija perfecta, la virgen, la esclava, en fin, la mujer callada.

En la sociedad mordaza – en la que la censura a la mujer es la regla general con excepción de los desnudos publicitarios dirigidos a la cosificación de la mujer –  levantar la voz en temas de derechos y garantías con enfoque de género se ha vuelto objeto de burlas, insultos y violencia en todos sus tipos y niveles.

En un ambiente violento se establece el reino del miedo y es precisamente por miedo que la mayoría de las mujeres calla, el silencio le da una falsa percepción de aceptación, jovialidad, preferencia, popularidad o simplemente le permite vivir sin ser atacada, eso aparentemente. La realidad nos ha enseñado que ese silencio es solo un instrumento más del opresor y que es un silencio sumamente costoso, el silencio de las mujeres nos cuesta cientos de vidas, nos cuesta sangre.

Pero, ¿qué sucede cuando el silencio se rompe? La mujer que durante mucho tiempo vivió el silencio del abuso por fin descubre el poder de su voz y se decide hablar, rompe el silencio y rompe el paradigma. Ya no es más una buena mujer. ¡Pero si ella era tan bella en su mutismo! Pero una noche ella salió con sus amigos y él se molestó, discutió con ella y ella no se quedaba callada. Habló y dijo que iba a abandonarlo y él, como todo macho que sabe defender su dignidad, no tuvo más remedio que apuñalarla y luego desmembrarla.  Sí, el silencio se paga con vidas, y muchas veces el alzar la voz también.

Pero ¿Qué sucede si la que habla no es solo una? ¿Qué pasa si el colectivo de mujeres salvadoreñas  nos unimos y nos defendemos? Si dejas de tener miedo al abusador, éste perderá su poder. Nos debemos el auto cuido y el derecho a exigir respeto a nuestra integridad, nos debemos reclamar por nuestra seguridad, les debemos un mundo más justo a las que vienen y les debemos nuestro compromiso a las que fueron calladas eternamente.

Sigue el poema – profecía  diciendo: Me gustas cuando callas porque estás como ausente, distante y dolorosa como si hubieras muerto. Pero no. Ya hemos guardado silencio demasiado tiempo, ya mi voz ha sido prometida a la lucha por la equidad y la justicia, y con esa misma voz yo digo: MUJER, NO ME GUSTA CUANDO CALLAS.

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REDACCIÓN MPODERATE

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