Por Luz de Díaz.

Introducción: Cada mujer es una historia, por eso compartimos aquí lo que no le dicen al mundo, pero que viven a diario. Aderezado con algunos sinsabores, “recomiendo discreción por las escenas dramáticas aquí vertidas”, como dice la televisión. No me lo tomaría tan en serio, aunque lo que hablo no es broma.

“Si mamá está mal, todo va mal en casa”….Has escuchado esta frase, una y otra vez?, pero más importante, te lo has creído?

Mientras escribo este blog, encontré en el corrector ortográfico la contradicción de escribir eligió con “g” o con “j”, por la regla que toda palabra seguida por una “i” debe llevar letra “j”. Sin embargo, hay palabras que no cumplen con esta regla. Y me pareció un excelente ejemplo para la vida cotidiana. A las mujeres se nos dice que una y otra vez, hasta hacer una huella en el cerebro, de que no tenemos permiso de elegir una vida humanizada con nosotras mismas. Hay una regla tácita, en algún lugar de la historia que, si nosotras somos humanas, el mundo que nos rodea se cae, por tanto es nuestra culpa, obligación y responsabilidad que todo marche bien.

Personalmente no recuerdo la primera vez que lo escuché, pero me hizo sentir importante. Eso de “si la mamá está mal en casa, todo va mal en casa”. Pensé que eso de ser indispensable, de que, si no es por ti,  el mundo doméstico no tiene equilibrio me parecía que nos daban un lugar de grandeza.

Por alguna razón había aprendido que mamá es la única responsable de que todo marche bien, los demás pueden vivir con días buenos o malos, excepto la señora de la casa. Lo más divertido es que conocía cualquier cantidad de mujeres que vivían más o menos igual que yo. Todas teníamos que levantarnos primero, acostarnos de último, y en el intermedio, hacer que todo funcione porque tú eres quien ele”g”ió vivir así.Y luego me cuestioné si en verdad lo había elegido o vivía condicionada a que así es como debía vivir? Vi hace años esta película que no pudo ser más clara con mi cultura, y al ver que los gringos estaban igual de mal para hacer una película, no dudé en ver que era una enfermedad global. The Stepford Wives.

Quizá aquí salten algunas mujeres que me dirán que ellas eligieron y son felices, y me alegro. Y no espero que nadie viva de otro modo. Sólo escribo sobre mi propio descubrimiento personal y mi camino por elección.

Por varios años, me la creí. Pero me siento agradecida de que viví años difíciles donde aprendí mucho. Con unos pocos años de estar casada y tener dos pequeños, salí a trabajar con una inmensa necesidad de cubrir los gastos de la casa. No sé tu, pero yo podría haber pasado mis veintes comiendo tortilla y agua, pero con mis pequeños no; habría podido pasar con meses o años sin pagar una escuela, pero mis hijos no; y así podría haber hecho muchas cosas, pero con hijos, impensable. Porque vi miles de veces, en todos lados, que la única capaz o condicionada a luchar por sus hijos, así sea que viva en el mismo valle de la muerte, es una madre.

Mi esposo, había perdido a su mamá, la única que lo había criado, a su padre nunca lo conoció, y los dos medio hermanos que tenía se habían ido a Estados Unidos así que quienes estuvimos cuidando los días de mi suegra fuimos nosotros. Ese golpe emocional y económico lo cambió. Quedamos hasta el copete con las deudas de la atención médica. Mi esposo cambió tras esa muerte. Un ser que vivía en la misma casa, dormía en la misma casa, pero no tenía la menor idea de que mis hijos necesitaban alimentarse, pagar su educación, participar de su formación y convivencia diaria. Esa persona que una vez admiré y juramos soportarlo juntos todo, se fue. Seguía ahí, pero no estaba. Si pedía su atención en las necesidades del hogar, me hacía ver lo ingrata e insensible que era al hablar de esas cosas cuando había perdido a su madre y su trabajo, y así fueron pasando meses que se volvieron años con esa respuesta.

En mi familia he visto madres solteras, esposas que soportan cosas superlativamente peores a mi situación, así que, lo mío era una pequeña prueba light. Pero me sentía abatida por la situación que estaba pasando. Más bien me sentía atropellada por la situación.

El huracán de la crisis económica había tocado tierra, así que los desempleos y negocios en quiebra se veían en enjambre. Deudas por todos lados, yo había pasado dos años como ama de casa a tiempo completo antes de que mi esposo se quedara sin trabajo. Le dije que me quería ir a trabajar a Estados Unidos para sostener el hogar. El me dijo que ni se me ocurriera volverlo a mencionar, que no iba a pasar por una familia incompleta otra vez, que con su infancia bastaba. Pero yo ya sentía mi familia incompleta, el esposo que pensaba tener no estaba, tenía un hombre que deambulaba sin hacer nada, ni siquiera se percataba cuando un niño se estaba atragantando con algún juguete…. no podía dejar de estar al pendiente de ellos, porque en el fondo estaba completamente sola.

Recuerdo no haber necesitado despertador esos días porque simplemente no dormía, los bancos y sus llamadas a las dos o tres de la mañana, de lunes a domingo, me habían programado, aunque tenía desconectado el teléfono. En mi infancia jamás vi a mis padres perseguidos por deudas, por eso me parecía la cosa más chocante y oscuramente burlesca, que luego de que soltera hice una vida con mis finanzas bien llevadas en mi soltería  hoy estuviera en una verdadera catástrofe monetaria. No entendía como dos personas sanas, graduadas, educadas y con experiencia laboral vivieran como perseguidos políticos o delincuentes, donde la incertidumbre de una vida normal te pulsa en las sienes 24/7.

Yo debía responder a una cuadrilla de obreros, a diario, que pomponeaban la puerta de la casa. Les decía que no podía atender sus peticiones, porque no era la encargada de pagar sus despidos laborales, sino mi esposo. No sé como es que no empujaron la puerta para abusar o matarme. Los veía furiosos, otros días desesperados, y conocía esa mirada, porque también era la mía. En este país matar o abusar de una mujer es como cualquier cosa mala que a nadie le importa. Cualquiera puede quitarle la vida a una mujer y no pasa nada. Creo que el amor de Dios estuvo ahí, su misericordia.

Continuará… Si deseas seguir leyendo, pide en el muro la segunda parte. Estamos por publicarla, pero si desea seguir leyendo sólo nos dices y la subimos.

 

 

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REDACCIÓN MPODERATE

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