Por Inés Martínez, Politóloga.

En estos últimos días se ha vivido en el contexto nacional un debate que lastima las sensibilidades de nuestra sociedad. El debate de la despenalización del aborto en sus 4 causales, la propuesta presentada a la Asamblea Legislativa por un grupo parlamentario incluye las siguientes especificaciones: i) si el embarazo pone en riesgo la vida o salud de la mujer; ii) cuando el embarazo es médicamente inviable; iii) si el embarazo es producto de violación o trata de personas; y iv) ante un embarazo, producto de violación en menores de edad.

En el entorno hay una gran cantidad de mitos pero sobre todo tabúes que en pleno siglo XXI debemos dejar de lado de una vez por todas, analizando cada una de las causas propuestas de manera racional. Inicialmente debo decir que el aborto es un tema de país: debe ser abordado políticamente y considerado un tema de salud pública, es cuestión de derechos humanos los cuales están inherentes a la vida de todas las mujeres y no pueden ser transferidos ni divididos.

Por consecuencia, es de considerar 2 aspectos importantes:

  1. La despenalización per se. Según la Colectiva por el Derecho a Decidir, significa dejar de tipificar como delito una conducta (en este caso el aborto) castigada por la legislación penal, usualmente con penas de cárcel. En este caso específico significa que las mujeres que consienten un aborto y el personal de salud que se los realiza, no deban enfrentar un proceso judicial.

Pero en un país donde el Estado es ausente y deficiente en la creación de una Política de Estado que enseñe la educación sexual, es más fácil penalizar que despenalizar, es más fácil asumir la culpabilidad de alguien a tratar de defenderla, y en nuestro caso es peor aún: defender los derechos de una mujer.

 

  1. El aborto y todas sus tipologías (inducido o quirúrgico). En nuestro país se condenan todos los casos, aunque haya sido de manera natural, debido a la reforma al código penal de 1998 y de la incorporación del término “concepción”, para quedar redactado: “Se reconoce el derecho a la vida desde la concepción” en el art. 1 de la Constitución vigente de El Salvador. Terminología que no es jurídica sino religiosa.

Alrededor de este debate que muchas personas lo consideran “polémico”, y lo satanizan; la mujer es cuestionada socialmente por su rol reproductor, ya que en ella cae la responsabilidad del nacimiento y de su cuidado. Es con esto tan simple que podemos notar el subdesarrollo en el que estamos y lo grave del asunto es que hay grupos de interés que hacen presión para que efectivamente se activen los grupos religiosos (que por cierto, reciben jugosas ofrendas de estos grupos selectos), abogando por leyes divinas, olvidando que no somos un país teocrático sino laico que significa que no podemos imponerle a una o a varias personas las creencias de nadie. A pesar que lo religioso se ha infiltrado hasta en nuestros derechos inalienables, es de rescatar la lucha de movimientos sociales y organizaciones internacionales que están apoyándonos a todas las mujeres, específicamente la vida y la salud de las mujeres salvadoreñas.

Es de dejar claro que el aborto en ningún momento representa una “industria”, es al contrario, la industria de la clandestinidad es muy bien pagada y en nuestro país pobre, el mercado negro sirve para llevar alimentos a muchas familias. Por lo cual, abortar sin peligro de ir a la cárcel únicamente es posible según la condición social y económica de la mujer

¿Acaso hemos visto una mujer de la clase alta presa por aborto? La respuesta es negativa, no existe ningún caso de este tipo registrado, debido a que ha contado con médicos privados y el secreto de su profesión que el dinero es capaz de comprar. Pero al contrario vemos mujeres presas sin ser respetado el principio de inocencia que contempla nuestra constitución así como las garantías fundamentales del proceso, condenándola desde el principio, sin ser escuchada, quiere decir que en nuestro país las mujeres no van presas por abortar, sino por ser pobres. Las mujeres ricas si abortan, pero no van presas.

Es determinante saber que la decisión sobre el embarazo y la maternidad es una decisión personal. Nadie puede obligar a otra persona a pensar y menos a decidir sobre su cuerpo, ¡Sí, su cuerpo!, el embrión y el feto no pueden sobrevivir fuera del cuerpo de la madre, por lo cual; la cuestión en el debate claramente es el rol reproductivo que tradicionalmente se le ha asignado a la mujer, es la búsqueda por mantener ese status quo, que nuestra sociedad a través del fundamentalismo religioso con bandera de moral han logrado desde 1998 hasta la actualidad.

En el mundo solamente el 0.4% de los países tiene penalizado en su totalidad el aborto. Nosotros estamos incluidos junto con los países musulmanes asiáticos, Colombia y Namibia. Y estar en este nivel es más que problemático muy preocupante, ya que se desprotege no solo el derecho a la vida de la madre sino que protege y justifica incluso hasta las violaciones. Según la Alianza por los Derechos de la Niñez, Adolescencia y Juventud, en el marco del Día Nacional para la erradicación de la violencia sexual contra las niñas y niños, presentaron el año pasado un informe resultado de denuncias del 2016, cifras que son de lamentar:

  • 947 denuncias por delitos sexuales, de la cuales 2.253 casos fueron cometidos contra menores de 17 años de edad.
  • Del total de estos casos, 1.873 fueron “violaciones sexuales” y el resto fueron hechos de “estupro y agresiones sexuales”.
  • 9 de cada 10 de estos incidentes se cometieron contra niñas y que los departamentos en los que más denuncias se recibieron de casos de violación y agresión fueron San Salvador, La Libertad y Santa Ana.

Estos datos reflejan más preguntas que respuestas:

¿Cuántas niñas deben ser violadas para que la sociedad y el Estado punitivo reaccionen?

¿Cuántas mujeres más deben morir ya sea en el hospital o en la cárcel, por la negatividad de atenderla por las sospechas de aborto?

¿Qué suceso apocalíptico debe pasar para que la mentalidad de las personas pueda ser más racional?

Estos datos solo provocan indignación y un motivo de lucha de la verdadera persona Pro -vida, luchar por la vida no es únicamente obligar a parir, ni continuar con los estereotipos tradicionales de la mujer, significa luchar por el alcance de una calidad de vida digna. Si realmente eres Pro-vida, pues evitemos que existan orfanatos, y que nuestra niñez ande por las calles como mendigos, busquemos el pleno y verdadero goce de los derechos de la mujer.

Como conclusión, el Estado salvadoreño debe tomar las riendas de esta temática y no trabajar a favor de un grupo élite ni dejarse dominar por intereses particulares, pues debe pesar más el interés colectivo a favor de la vida de la mujer. Es momento de exigirles a nuestros nuevos gobernantes la urgente creación de una Política de salud integral, que implique una plena educación sexual para poder decidir, que los anticonceptivos sean para no abortar, y que se despenalice el aborto para que más niñas, adolescentes y mujeres puedan vivir.

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REDACCIÓN MPODERATE

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